Esquivando colectivos en la calle Guido Spano, puede el peatón despreocupado toparse con la calle más pintoresca de la localidad de Victoria. La calle Lavalle atraviesa la localidad San Fernandina y culmina en la estación de tren, de estilo inglés, que lleva el mismo nombre. Es, además, una de las arterias que conectan este barrio, una zona casi exclusivamente residencial, con las zonas céntricas. Hacia el Norte con San Fernando(la Municipalidad, el Banco, la plaza, etc.) y hacia el Este con Beccar primero, y el centro San Isidrense después.
Desde Guido Spano hasta la estación son solamente unas seis cuadras, pero en subida, a los cansados pies del caminante parecen más.
Esta calle corre paralela a las vías del tren, así que cada vez que se llega a una esquina se puede ir controlando la circulación de los trenes a una cuadra que, con su paso, avisan que uno va a llegar tarde a donde se dispone ir.
No es un camino obligado hacia la estación de ferrocarril, hay otros, pero éste es, por lo menos, el más agradable. La amplia calle empedrada con adoquines oscuros y grandes(a diferencia de los porteños, que son minúsculos), siempre ensombrecida por los enraizados y longevos plántanos que escoltan la calle a ambos lados. Las espaciosas veredas alfombradas por baldosas de distintos colores y estilos. Algunas, las menos, rajadas por las raíces de los árboles, o por mero descuido de los vecinos . En una época todas las veredas tenían baldosas “vainillas”, (o mata viejas como les decía alguien)pero ahora, con un poco de reactivación económica, a la mayoría de los vecinos les surgió la necesidad de reemplazarlas por esas grandes y lisas que en un buen día de lluvia, si uno apura el paso, lo dejan a uno haciendo patito con el traste.
A medida que se avanza, dependiendo el horario, se van percibiendo los aromas que provienen del interior de las casas, de las cocinas. Los fines de semana, aromas de reuniones familiares asado de por medio.
El primer establecimiento que no es una residencia, es la escuela de Taekwondo que es, a su vez una sede de radio aficionado y cuenta con su imponente antena en el techo. En la puerta de entrada se pueden ver algunos chicos con el característico uniforme de pelea blanco y los distintos colores de cinturón que los diferencian. En diagonal, en la vereda opuesta funciona, dentro de una casa, una panadería que quebró en tiempos más difíciles y actualmente atiende al público a través de una ventana con la tradicional persiana de madera blanca, sin cartel indicador, como una especie de secreto entre los vecinos.
Un estruendo de metal rebotando contra el empedrado anuncia la llegada de un armatoste vetusto de trompa redonda, el colectivo 710. Con sus colores distintivos verde, rojo y blanco, este vehículo recorre la calle Lavalle, a precio único, hasta que llega al centro de San Fernando y termina en el límite con el Partido de Tigre. Más adelante, ocupando toda la cuadra, se levanta el Teatro Municipal Julio Martinelli, donde funciona también la biblioteca local con menos libros que socios.
Por fin, el primer signo de urbanidad se hace notar con la espera para cruzar la calle Simon de Iriondo que carece de semáforo, al igual que toda la calle antes mencionada, me imagino, porque antes no era necesario. El movimiento de gente aumenta levemente llegando a la Comisaría, con su larga fila de autos incautados y algún gordo oficial jugando con la computadora de la oficina. Y finalmente se divisa la elegante fuente, inaugurada hace pocos años, en el centro de una especie de plazoleta muy prolija que indica que se ha arribado a la estación Victoria.
Esta calle corre paralela a las vías del tren, así que cada vez que se llega a una esquina se puede ir controlando la circulación de los trenes a una cuadra que, con su paso, avisan que uno va a llegar tarde a donde se dispone ir.
No es un camino obligado hacia la estación de ferrocarril, hay otros, pero éste es, por lo menos, el más agradable. La amplia calle empedrada con adoquines oscuros y grandes(a diferencia de los porteños, que son minúsculos), siempre ensombrecida por los enraizados y longevos plántanos que escoltan la calle a ambos lados. Las espaciosas veredas alfombradas por baldosas de distintos colores y estilos. Algunas, las menos, rajadas por las raíces de los árboles, o por mero descuido de los vecinos . En una época todas las veredas tenían baldosas “vainillas”, (o mata viejas como les decía alguien)pero ahora, con un poco de reactivación económica, a la mayoría de los vecinos les surgió la necesidad de reemplazarlas por esas grandes y lisas que en un buen día de lluvia, si uno apura el paso, lo dejan a uno haciendo patito con el traste.
A medida que se avanza, dependiendo el horario, se van percibiendo los aromas que provienen del interior de las casas, de las cocinas. Los fines de semana, aromas de reuniones familiares asado de por medio.
El primer establecimiento que no es una residencia, es la escuela de Taekwondo que es, a su vez una sede de radio aficionado y cuenta con su imponente antena en el techo. En la puerta de entrada se pueden ver algunos chicos con el característico uniforme de pelea blanco y los distintos colores de cinturón que los diferencian. En diagonal, en la vereda opuesta funciona, dentro de una casa, una panadería que quebró en tiempos más difíciles y actualmente atiende al público a través de una ventana con la tradicional persiana de madera blanca, sin cartel indicador, como una especie de secreto entre los vecinos.
Un estruendo de metal rebotando contra el empedrado anuncia la llegada de un armatoste vetusto de trompa redonda, el colectivo 710. Con sus colores distintivos verde, rojo y blanco, este vehículo recorre la calle Lavalle, a precio único, hasta que llega al centro de San Fernando y termina en el límite con el Partido de Tigre. Más adelante, ocupando toda la cuadra, se levanta el Teatro Municipal Julio Martinelli, donde funciona también la biblioteca local con menos libros que socios.
Por fin, el primer signo de urbanidad se hace notar con la espera para cruzar la calle Simon de Iriondo que carece de semáforo, al igual que toda la calle antes mencionada, me imagino, porque antes no era necesario. El movimiento de gente aumenta levemente llegando a la Comisaría, con su larga fila de autos incautados y algún gordo oficial jugando con la computadora de la oficina. Y finalmente se divisa la elegante fuente, inaugurada hace pocos años, en el centro de una especie de plazoleta muy prolija que indica que se ha arribado a la estación Victoria.
2 comentarios:
Ay !y esto me suena tan conocido y tan bellamente contado... es linda Lavalle , amo sus adoquines ,y todos sus otros encantos..vió que poca gente anda ? vió que por suerte no tiene edificios en construccion?
Un dia cuando sea vieja , les voy a contar amis nietos, de esa calle y de cuando toqué en la inaguracion de la fuente de la estacion, que será sin duda solo un recuerdo..
Q grossa, tocaste en la inauguración, sabés q me pasó de no saber describirla... es difícil de describir la fuckin fuente
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