jueves, noviembre 16, 2006

Ensayo sobre ciudad (desde la perspectiva de una sanfernandina)

Conciente Colectivo: La memoria tardía en el Bar Iberia
“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”
Henri Bordeaux
“En las discordias civiles, como los buenos valen más que los muchos, propongo pesar a los ciudadanos mejor que contarlos.”
In dissensione civili cum boni plus quam multi valent, expendendos cives, non numerandos puto.
CICERÓN, Marco Tulio

Decía García Canclini[1], “La complejidad multicultural de grandes urbes como Buenos Aires, México o Sao Paulo es, en gran medida, resultado de lo que las grandes migraciones han hecho con estas ciudades al poner a coexistir a múltiples grupos étnicos. Esta es una experiencia que Buenos Aires tenía cuando llegaron grandes migraciones europeas. Buenos Aires ha sido una de las ciudades pluriculturales en el mundo, donde lo multiétnico era muy visible.” Esto no es algo que escape a la atención de cualquiera que haya vivido en Buenos Aires, ya sea en la ciudad o en el suburbano, o que la haya visitado alguna vez. Pero lo que atrajo mi atención a esta cuestión, la concentración de diversos mundos culturales en una sola ciudad, fue el fenómeno de subcultura que produce en cada barrio que compone una ciudad. En particular quiero referirme a dos bares, que en una época estaban ubicados en la intersección de la Av. de Mayo y Salta, ahora sólo queda uno de ellos, el Bar Iberia, y en la esquina opuesta se encontraba el Bar Español. Estos dos espacios[2], en términos de Michel de Certeau, serían más que meros lugares de encuentro, libros de historia. Fueron en los años de la guerra civil Española y, posteriormente de la represión de la dictadura franquista, puntos de reunión de los exiliados republicanos por un lado, en el Bar Iberia, y de los representantes nacionalistas por el otro, en el Bar Español.
En ambos se realizaban tertulias de intelectuales que se juntaban a escuchar las noticias por la radio o comentar las noticias de los diarios que llegaban del viejo continente. Los problemas se presentaban cuando, ocasionalmente, se producían enfrentamientos entre ambos bandos. En el más grave de los casos, los llamados “franquistas” incendiaron parcialmente el Iberia y se produjeron bajas en ambos bandos. Con el tiempo, las banderas se entrecruzaron inexplicablemente en los años ’50 y ’60 y pasaron entonces los antifascistas a recalar en el Bar Español y los fascistas en el Iberia. Esto como para resumir un poco la historia de los dos bares
[3], sobre la que todavía hoy hay controversia, ya que el que solía ser el bar Español, ha mutado, lamentablemente, en una sucursal del Bank Boston.
La ciudad propone, por medio de estos hitos del pasado, interrogantes acerca del presente, de cómo solía albergar a aquellos que resistían la tiranía en un país cuyo gobierno era, en realidad, pro-eje, pero en discursos oficiales, neutral al conflicto. Interrogantes acerca de los habitantes de esa subcultura hispánica, exiliados y los que ya eran residentes argentinos, acerca de la manera en que vivieron esos duros tiempos. Esa ciudad- memoria a la que hace referencia Augé
[4](la ciudad en la que se sitúan tanto los rastros de la gran historia colectiva como los millares de historias individuales) se hace presente en Buenos Aires intensamente, solo visitándola, tomándose un café en el bar Iberia quizás, se encontrará uno con esos mismos protagonistas que, en otros tiempos, resistían desde el exilio y quizás, si tiene uno un poco de mala suerte, podrá ver a algún sobreviviente del otro bando también.
Es entonces esta ciudad el lugar donde constantemente, desde el momento de su fundación, una masa innumerable de gente construye sus nuevos recuerdos y se forja un presente y un futuro sin dejar atrás su bagaje cultural, sino que lo incorpora a las prácticas socioculturales que aquí se practican. Desde siempre hemos recibido exiliados, políticos y económicos, que aportan cada uno un color, una textura característica al entramado cultural que es Buenos Aires. “La modernidad acumula y concilia” resumía Augé. Ambos mundos coexisten, el local y el importado segregados localmente, voluntaria e involuntariamente, comunicados globalmente, pero manteniendo las características propias de donde vienen.
En nombre de esta memoria colectiva, a pedido de ciudadanos de la colectividad española en la Argentina, se colocó una placa, en el frente del Bar Iberia, en Homenaje al 75º Aniversario de la instauración de la República Española. Se realizó una ceremonia de colocación frente a un público casi enteramente conformado por miembros de esta colectividad. Estaba un señor, con una bandera republicana sobre los hombros, que dijo “...hace 60 años que espero esto.”
[5] La placa está, como un mínimo sello de lo ocurrido en esos años, esperando ser leída, que alguien pregunte, se interese y descubra toda la realidad de una cultura que, como la nuestra, la argentina, pasó sus tiempos de represión en el exilio, con sus caídos, represaliados en defensa de la II República[6].
A pesar de la controversia acerca de si la placa debía ubicarse en el Bar Iberia o en lo que solía ser el Bar Español, lo importante para remarcar es que la placa llegó. Tarde, pero llegó. El reconocimiento a los que fueron víctimas de la guerra civil española y a los que desde acá mantuvieron vivos los ideales. Es la misma memoria que se intenta inculcar en los jóvenes de hoy con respecto a nuestros desparecidos, caídos y demás barbaridades que desde la década del ’70 nos atormentan, que estaban dispuestos a arriesgarlo todo para que un mundo mejor fuera posible, con un valor y un concepto de solidaridad que hoy se hace casi imposible encontrar.
Augé, en el mismo ensayo, explicaba su entender acerca de lo que él llamaba la ciudad- encuentro. Decía que el choque urbano no se debe siempre al choque de las ideologías o de las costumbres, que ese choque puede ser un descubrimiento, una invitación a pensar. Y eso me parece que es lo que producen este tipo de descubrimientos en las calles porteñas, una invitación a interrogarse acerca de aquellos que pasaron antes que nosotros por esos bares. ¿Qué luchas mantenían vivas?¿Por qué penurias tenían que pasar para hacer sus ideologías realidad? Esta ciudad social, donde tantos han pensado y hecho, es la que se ve teñida a lo largo del tiempo con un espíritu, que Calvino
[7] llamaría Dios, que es el que la dota de alma, de sentido para los que la recorremos día a día esperando encontrarnos con nuevos fantasmas del pasado que nos propongan replantearnos nuestra realidad a través de sus ojos.



[1] Néstor García Canclini, Imaginarios Urbanos, Bibliografía de la Cátedra.
[2] Michel de Certeau, La invención de lo Cotidiano I. Artes de Hacer
[3] En LA VIDA DE NUESTRO PUEBLO Nº.19 "Los Cafés". Centro editor de América Latina, y la cita que lleva el Nº.22, tomada de BOSSIO JORGE A. Los cafés de Buenos Aires, Buenos Aires 1968 pag.186 , así lo indica. y en "Todo es Historia", N° 110, 7/76, pág. 8 El "Iberia" era el bar de los Republicanos, mientras que el "Español" era el bar de los "Nacionales".
[4] Marc Augé, El viaje Imposibe: el turismo y sus imágenes, editorial Gedisa
[5] http://www.kaosenlared.net/noticia
[6] http://www.profesionalespcm.org/
[7] Ítalo Calvino, Los dioses de la ciudad. En Punto y aparte, Barcelona, Bruguera, 1983.

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